“Yo no he comprado obligaciones Manchester United porque el coeficiente de endeudamiento es demasiado alto”, dijo Jim O’Neill –ex directivo de Goldman Sachs-el pasado martes 26 de enero a la cadena Bloomberg. Y es que O’Neill, además de seguidor a ultranza de los United, es un economista con muy buenas luces. Su decisión de no comprar bonos de la cesta del ManU se debe sin duda a un único y sencillo motivo: las cuentas en Old Trafford están al rojo y la venta de deuda se está convirtiendo en una estrategia peligrosa con la que los Glazers podrían pillarse los dedos. A día de hoy, y sólo dos semanas y media después de su emisión, las obligaciones Manchester son, para algunos analistas, papel mojado con un alarmante bajón (-7%) de su valor inicial.Todo empieza el 22 de enero de este año. El Manchester United emite 500 millones de deuda en obligaciones a siete años y las ventas de los bonos parecen ir, en principio, bastante bien. La idea es colocar la deuda en los bolsillos de los inversores, pagar intereses casa seis meses y devolver la totalidad del préstamo a los buenos de los compradores en el 2017. Para agosto de 2010 se pagará la primea tacada de intereses a más o menos el 8,75% del valor y para el 2017 la suma de los intereses a pagar será de 43 millones de libras y se sanará la deuda del equipo. Very convenient for everybody.
Los primeros días el estratagema Glazer parece funcionar. Los aficionados – entusiastas por sanar la deuda del equipo comprándola ellos mismos- se cepillan parte del paquete y mantienen altas las expectativas del mercado sobre la operación. Pero el optimismo les dura poco. De facto, las declaraciones de nuestro economista lumbreras O’Neill son del 26 de enero, sólo cuatro días después de la emisión. Para entonces los bonos ya perdían 4 peniques de rentabilidad por papeleta y se distaba mucho de colocar toda la deuda en las carteras de unos aficionados más que “descontentos” con la gestión Glazer del equipo. Los bonos se quedaban en las arcas de los bancos y hoy siguen ahí, sin haberse colocado en su totalidad y perdiendo valor. Un sonado ¡chof!, onomatopeya de papel mojado.
Y es que desde que los Glazers arrebataran el Manchester United a la London Stock Exchange en el 2005 -oseasé, desde que lo sacaron de la bolsa londinense para metérselo en el bolsillo americano- las cosas han cambiado mucho en Old Trafford. En dos sentidos fundamentalmente. El primero es el de la animosidad de sus aficionados contra el accionista mayoritario del ManU que va in crescendo y el segundo es el de las arcas del equipo que van in picato y para abajo, cosa fea.
Para esclarecer la situación financiera del Manchester usaremos la columna de la próxima semana. Pero de la animosidad de los Devils podemos hablar ahorita mismo. El cabreo está fundado en lo que abajo se narra.
El Manchester, bajo la gestión de la familia de Nueva York, sigue una estrategia agresiva de gasto y endeudamiento a largo plazo que aumenta el riesgo de quiebra de la sociedad y dispara la necesidad de recibir capital. ¿Cómo? Con la venta de los bonos de marras o aumentando, verbigracia, el precio de las entradas al estadio.
Desde el 2005 el precio de acceso a Old Trafford ha ,efectivamente, crecido de un 8,5%. Muy por encima del natural crecimiento por inflación. Para desparpajo, claro, de los fans que han visto crecer también su tradicional tendencia al homicidio. Y aún hay más. Lo que muchos seguidores del Manchester no saben es que en los corralillos financieros los Glazers andan sacando pecho de la jugada con comunicados como este:
“We have been able to consistently increase matchday ticket prices for both general admission and seasonal hospitality seats at levels above the rate of inflation”. (publicado por el Telegraph 16/1/2010)
Notese el recochineo intrinseco en las últimas cinco palabras: por encima del nivel de inflación. Significa que, básicamente, los gestores del Manchester están dejando que la deuda del equipo caiga sobre los aficionados a los que obligan, si quieren ir a ver a su equipo, a pagar más por entrada y si quieren sostener su deuda, a comprar bonos de mentirijilla. Así, la delicada balanza de Fútbol y Business se inclina hacia el lado de la pasta, zanjando la questión con una estrategia peligrosa y muy trillada: la de la especulación pura y dura.
Peligrosa, sobre todo, por un motivo: el aval de la deuda emitida por los Glazers para “salvar” al Manchester son los activos del club (principalmente el estadio y los futbolistas más importantes). En última instancia si los aficionados y los inversores rechazasen entrar al estadio y comprar bonos respectivamente ya sólo quedaría una cosa: entregrar el Manchester United a las fauces del Capitalismo. Esto es, vender el Teatro de los sueños y/o a Rooney y compañía.
Foto 1 y Foto 2
Glosario
Bonos: El bono es una de las formas de materializarse los títulos de deuda, de renta fija o variable. Pueden ser emitidos por una institución pública, un Estado, un gobierno regional, un municipio o por una institución privada, empresa industrial, comercial o de servicios. También pueden ser emitidos por una institución supranacional (Banco Europeo de Inversiones, Corporación Andina de Fomento...), con el objetivo de obtener fondos directamente de los mercados financieros. Son títulos normalmente al portador y que suelen ser negociados en algún mercado o bolsa de valores. El emisor se compromete a devolver el capital principal junto con los intereses, también llamados cupón. Este interés puede tener carácter fijo o variable, tomando como base algún índice de referencia como puede ser el euribor.
Obligaciones: Título, comúnmente amortizable, al portador y con interés fijo, que representa una suma prestada o exigible por otro concepto a la persona o entidad que lo emitió.
Activos: Conjunto de bienes tangibles o intangibles que posee una empresa. Se considera activo a aquellos bienes que tienen una alta probabilidad de generar un beneficio económico a futuro y se pueda gozar de los beneficios económicos que el bien otorga. Un bien tiene valor de cambio cuando existe la posibilidad de:
-Canjearlo por efectivo o por otro activo
-Utilizarlo para cancelar una obligación
-Distribuirlo entre los propietarios del ente


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